Testimonio de tiempos difíciles
Fue durante la Exposición Universal de 1888 cuando este establecimiento vivió su eclosión como negocio hotelero. De su etapa como convento se conservan restos curiosos, como el túnel subterráneo que unía las cámaras de los frailes con la iglesia de Sant Agustí, y que los monjes utilizaban en tiempos convulsos. Las habitaciones mantienen la sencillez de las antiguas cámaras de los religiosos, con techos bajos, vigas de madera, suelo de baldosa y mobiliario sencillo."
Ver: http://lameva.barcelona.cat/es/discoverbcn/pics/attractions/hotel-peninsular_75990115932.html
Carrer de Sant Pau 36

El patio abalconado de tres pisos en el Hotel Peninsular Xavi Casinos
Uno entra en el edificio del número 34 de la calle Sant Pau, en el corazón del Raval. Sube al primer piso y de repente lo sacude una explosión de luz y color. Hemos penetrado en uno de los patios interiores más bellos y singulares de la ciudad, de tres pisos y abalconado. Modernista, pero que uno no puede evitar que lo transporte a esos rincones andaluces tan llenos de vida. No falta ni la fuente que transmite un constate sonido relajante. Estamos en el Hotel Peninsular y el patio es el recuerdo del claustro de un antiguo convento de los agustinos que cambió frailes por huéspedes a finales del siglo XIX.
El hotel y su espectacular patio son conocidos, sobre todo, por los visitantes que en él se alojan. No lo es tanto por los barceloneses. Lógico, porque son los menos necesitados de una habitación de hotel en su propia ciudad. Pero hay que visitar ese patio e imbuirse en su atmósfera tan especial. No se pierdan esa experiencia.

La historia del edificio se remonta a después de la toma de Barcelona en 1714 por las tropas borbónicas. Los combates dejaron muy dañado el viejo convento de Sant Agustí, del que aún se conservan algunos restos en la calle Comerç. Los religiosos se trasladaron entonces al Raval. En el actual 34 de la calle Sant Pau, estuvieron hasta 1835, cuando el convento se secularizó.
El hotel se abrió en 1875, a cargo de unos italianos que decidieron independizarse tras trabajar en la Fonda Oriente, en la Rambla. Pero antes que hotel fue restaurante, regentado por Prudenci Bros, ex cocinero de la reina Isabel II. Ya reconvertido en hotel, adquirió fama tras acoger a visitantes de la Exposición Universal de 1888 que querían un alojamiento de lujo.
Aunque el viejo convento fue sometido a una profunda rehabilitación, conservó su estructura. Así, el claustro se convirtió en el patio con aires andaluces y las habitaciones que dan directamente a él pasaron de ser las celdas de los frailes a habitaciones de los huéspedes. Los actuales propietarios son una familia que adquirió el hotel en la década de 1960 y que ya van por la tercera generación."
Ver: https://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20260614/11562993/pequena-andalucia-raval.html
Me encanta por dentro. No me lo hubiera imaginado así
ResponderEliminarQuina passada! Què bonic!
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