El
gobierno del alcalde Jaume Collboni está desmontando la última meca
grafitera de Barcelona. Los vecinos de la plaza de Les Tres Xemeneies
cuentan estupefactos que desde hace un par de semanas las brigadas
municipales vienen prácticamente cada mañana para borrar las
composiciones y luego cubrir los muros de pintura gris. “Y los guardias
urbanos nos han dicho que hasta pusieron cuatro multas”.
Grafiteros,
muralistas y otros artistas urbanos también están anonadados ¿no se
suponía que pintar aquí era legal? algunos hasta están recogiendo
firmas, haciendo circular un manifiesto, llamando a los amantes del
aerosol a concentrarse aquí este sábado Graff will survive! ,
escribieron con un dosificador y gigantescas letras en la avenida
Paral·lel. Poco a poco el Consistorio arrinconó estos muros autorizados.
Los vecinos dicen que todo se desmadró, y que les preocupa más el crecimiento de un asentamiento
“Estas
semanas pasadas sí que se vino realizando una limpieza de grafitis en
varios muros de la plaza y otros elementos del mobiliario urbano que
presentaban pintadas –señalan fuentes del Ayuntamiento–. Estas
actuaciones para mejorar el espacio público se enmarcan en plan Endreça.
También fueron reclamadas por entidades y vecinos que participan en la
mesa de esta plaza para mejorar su convivencia”.
Corrían
los tiempos del alcalde Xavier Trias. Entonces el Ayuntamiento encargó a
los promotores artísticos de Rebobinart la gestión de unos cuantos
muros donde la gente podría pintar legalmente. La idea cosechó un éxito
fulgurante. Les Tres Xemeneies devino en un referente mundial del arte
urbano, en una versión alternativa de la plaza del Macba. Sus rampas
también atrajeron a multitud de skaters y riders de bmx.
Artistas
de las cuatro esquinas del planeta acudían a fin de fotografiar sus
obras e inmortalizarlas en las redes. Les daba igual que fueran pisadas
en un día. Lo importante era pasar por Barcelona. Para pedir turno solo
tenías que meterte en Wallspot, en la web de Reboninart. En sus doce
años de vida este portal recogió 35.000 obras de 25.000 artistas.
Y
los auténticos grafiteros, aquellos tan contestatarios que la legalidad
les incomoda, también se hicieron con este espacio y sus alrededores.
Todo se fue de las manos. Los writters se encaramaron a lo más
alto del edificio de oficinas de al lado. Hasta la segunda planta de la
residencia de ancianos de la calle de atrás está tatuada. El número de
vecinos que se sentían excluidos no cesaba de crecer. Al ecosistema
también se sumaron gente sin casa y otros con muchas ganas de beber.
El
último ejecutivo de Ada Colau pergeñó la reforma del lugar. En el 2021
se tragó un sapo cuando los barrenderos borraron un mural crítico con el
Rey emérito. En la primavera del 2023 el Ayuntamiento dijo a Rebobinart
que asumía toda la gestión. Un año después inauguró la reforma que
comportó el derribo de los principales muros autorizados. Así la plaza
ganó amplitud. Con Rebobinart también se fueron los acuerdos con algunos
privados. Ya solo se puede pintar en los 27 metros de la fachada del
Punt Verd.
“Ahora
no paran de venir furgonetas de limpieza del Ayuntamiento –dicen
representantes de la mancomunidad junto a la plaza con unos 700
vecinos–. Hace años que todo se desbordó. Pintaban los escalones, la
residencia de mayores, el ascensor del aparcamiento... Teníamos hasta
talleres para turistas con su monitor que dejaban cada chapuza. Pero la
gente que viene a pintar va a su rollo. Lo que nos quita el sueño es el
asentamiento de sintechos, que no para de crecer. Tenemos todas las
noches follones. Y por la mañana el Ayuntamiento viene a limpiar, a
poner parches...”.