"Los últimos años de Matheu, sin embargo, fueron amargos. Las turbulencias políticas hicieron decaer su influencia y no le faltaron disgustos y sinsabores. Y en 1870 perdió con unos meses de diferencia a los dos últimos hijos que le quedaban vivos, Magdalena y Manuel. Había perdido a otros cinco antes: Pelayo, a los cinco años; María, a los tres; Raimunda y Jaime, el mismo día de 1852, una en Granada y el otro en Madrid a los 23 y 22 años respectivamente; y Rafael, a los diecisiete. El rico oligarca, ya viudo, afrontaba sus últimos años solo y sin sucesores directos y de confianza a quienes legar su proyecto de Alhama y el resto de sus propiedades y su fortuna. Como tantas otras veces, la realidad de nuestra finitud y nuestra condición mortal y el carácter evanescente de todos nuestros logros y ambiciones debió quedar dolorosamente patente para quien había sido un triunfador toda su vida. En 1872 Matheu falleció en Alhama y en su testamento impuso a sus herederos la obligación de construirle, para él y su familia, un panteón en sus termas, mirando al lago.
Un interesante artículo de Antonio J. Traid publicado por la revista cultural de Alhama –La masonería del siglo XIX en Alhama de Aragón– analiza el simbolismo masónico del templete: los siete escalones que simbolizan las siete virtudes masónicas, las columnas, las dos puertas orientadas a este y oeste, los cuatro óculos que representan los puntos cardinales y el alfa y el omega dentro de una estrella en cada puerta. En la parte posterior del edificio está representada la cruz patada con una guirnalda de los caballeros de la Orden de Isabel la Católica. Matheu, cuyo nombre masónico era Régulo, posiblemente ostentó la dignidad de Teniente Gran Comendador (así figura en el obituario que le dedicaron unos hermanos masones y que se encontró en la librería Arús de Barcelona), es decir, de segundo del Gran Maestre, una posición elevadísima en la masonería española. Teniendo en cuenta la dependencia de la masonería hispana del Gran Oriente de Francia, y considerando como Francia usaba esa conexión para tutelar la política española, Traid se plantea la sugestiva hipótesis de si «fue Matheu un agente apoyado económicamente por Francia para defender un Estado liberal en España». Esto es lo mismo que decir que el dinero que Matheu prestaba al Gobierno de España no siempre era propio, sino que a veces llegaba desde Francia y se canalizaba a través del potentado. Y como es lógico, junto con el dinero llegarían directrices que supondrían ajustar la agenda política española a los planteamientos e intereses franceses. Lamentablemente, el singular mausoleo masónico de Matheu está cerrado y en estado de abandono. No parece que la empresa que es la propietaria actual de Termas Pallarés (Relais Termal, radicada en Santander) tenga demasiada conciencia del valor histórico de este legado ni de cómo convertirlo en un atractivo añadido de su establecimiento.
Fallecido Matheu su herencia fue objeto de disputas legales entre unos primos del potentado y las dos personas -un hombre y una mujer- a quienes éste había nombrado sus herederos principales. Las obras de conservación y mejora del balneario quedaron paralizadas y en 1911 las termas fueron vendidas a Ramón Pallarés, a quien deben su nombre actual. El balneario recuperó entonces su lustre originario y siguió creciendo. En 1915 se abrió el Hotel Cascada, que debe su nombre a la cascada de inhalación que alberga en sus instalaciones. El gran tenor Julián Gayarre, que se alojaba allí durante la inauguración, tuvo que asomarse a la ventana apremiado por sus admiradores e improvisar unas cuantas arias. Otros cantantes de ópera famosos como Miguel Fleta y Lucrecia Arana, o escritores como el poeta Juan Ramón Jiménez, eran asiduos de este hotel y de los tratamientos de inhalación de la cascada termal. También era un habitual el general José Sanjurjo, que iba a tratarse sus frecuentes bronquitis. Cristina Taboada cita a Ignacio Luca de Tena para relatar que en el balneario Sanjurjo participó en una reunión conspiratoria contra el gobierno liberal presidido por Manuel García Prieto, último presidente constitucional del reinado de Alfonso XIII."
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