"Los orígenes de la tradición de colocar espantabrujas en las chimeneas
Si has visitado algún pueblo del Pirineo aragonés, seguramente te habrán llamado la atención, al levantar la vista, sus imponentes chimeneas. Las chamineras (así se las denomina en fabla aragonesa) son un elemento arquitectónico muy característico del Alto Aragón y, especialmente, de la comarca del Serrablo. La mayoría de ellas están coronadas por un curioso elemento que en la actualidad ha quedado como ornamental, pero al que tiempo atrás se le daba una utilidad muy específica: los espantabrujas.
Como su propio nombre indica, los espantabrujas (o, como también se les llama, bichelos o capiscoles) servían, según la creencia popular, para mantener alejados del hogar a los malos espíritus y las energías negativas. Para que las brujas no pudiesen entrar, en definitiva. Eran un elemento más de un conjunto de creencias, amuletos y supersticiones destinados a proteger el hogar, que tienen su origen en la época medieval y cuyo legado ha conseguido sobrevivir hasta nuestros días.
Ya hemos resaltado la importancia que se otorgaba a la chimenea (el hogar, en el sentido más puro del término) en las sociedades agropecuarias. Dando un paso más allá, Ángel Gari resalta el papel de la chimenea como “un espacio ritual en el interior del hogar” que había que salvaguardar “colocando objetos con símbolos protectores, costumbre que data al menos del siglo XV”.
Así, “sobre la chimenea se ponían morillos o cremallos (objetos de protección con forma muchas veces de muñeco), e incluso se hacían marcas protectoras, como cruces, en los instrumentos que utilizaban para manejar los rescoldos”, según explica Gari. De hecho, se han documentado numerosos rituales en torno a la chimenea y el fuego, como por ejemplo “no dejar que se apague el fuego durante la noche, hacer una cruz en la ceniza, rezar, colocar las tenazas en forma de cruz sobre los rescoldos…”. Todo con el objetivo de proteger la entrada a la casa por la chimenea.
En este sentido, en la sociedad tradicional altoaragonesa también existía la creencia de que “la chimenea, como concepto general, supone una vía que comunica el interior de la casa con lo superior, en el sentido de sobrenatural”, como explica Ángel Gari. Y añade, como otros ejemplos de esta idea de conexión con lo divino, que “por la chimenea, además de las brujas, en otros momentos históricos se decía que entraban las hadas, y más recientemente, Papá Noel”.
Pero para los antiguos habitantes de estas zonas, obviamente, la preocupación no era San Nicolás y su saco de regalos, sino que pudieran entrar en su casa espíritus malignos a través de la chimenea. Por eso se decidieron a proteger este punto débil de la casa con lo que ahora llamamos espantabrujas, aunque el término es una invención moderna."
Biescas:
Ainsa:

Los espantabrujas, pues, son esos elementos de piedra que se colocaban como remate de las salidas de humo de las chamineras, con intención de protegerlas. Solían estar realizados en tosca (o toba), un material calizo abundante en la zona y fácil de moldear. A la piedra se le podían dar diferentes formas e incluso, en ocasiones, se les practicaba un orificio para hacer que el aire, al pasar, emitiese un silbido. En la sociedad de la época, creían que el ruido también actuaba como repelente de brujas.
Los más comunes eran los espantabrujas de forma cónica. Al parecer, simplemente buscaban por el entorno alguna piedra con esa geometría y la colocaban sobre la salida de la chimenea. Otras veces tallaban las piedras para darles alguna forma específica. Las había (y todavía las hay) en forma de cruz, en forma de vasija, que unas veces se colocaba hacia arriba y otras hacia abajo, o con apariencia de rostro o de figura humana, la mayoría de las veces con los brazos abiertos en gesto protector. También se han encontrado con forma de animal, como gatos o águilas.

Sin embargo, no existe un patrón que permita asignar tipologías de espantabrujas a zonas concretas del Pirineo. Más bien al contrario, según nos detalla Ángel Gari: “Ni había espantabrujas en todos los pueblos, ni todos los de un pueblo eran del mismo tipo”.
En la actualidad, en muchas casas pirenaicas reformadas y también en las de nueva construcción, se ha mantenido la costumbre de colocar espantabrujas como remate de las chimeneas, que también se construyen al estilo tradicional. Hoy en día sí que tienen un sentido únicamente ornamental, ya que el tipo de creencias que dieron origen a esta tradición se han abandonado casi en su totalidad. "