"El Salón de Contrataciones de la Casa Llotja de Mar es un único espacio de grandes dimensiones dividido en tres amplias naves, cubiertas con un forjado de vigas de madera policromada y definidas por dos series de tres arcadas semicirculares. Cuatro esbeltas columnas con molduras sostienen los seis arcos del Salón. El edificio original de la Lonja se ajusta a las características propias de la arquitectura gótica catalana: la simplicidad estructural, la disminución de los soportes interiores y la unificación del espacio. Otras edificaciones civiles erigidas en Barcelona en el mismo periodo (siglos XII-XIV), como las Atarazanas, el Salón de Ciento o el Salón del Tinell tienen una estructura similar.
La
fachada principal del edificio, la de los Encants, que da a la actual
calle del Consolat de Mar, tenía tres ajimeces -ventanas divididas por
una o más columnetes- en la parte baja y tres rosetones en lo alto; los mismos elementos que tenía la fachada opuesta, la de la banda de mar. Los muros de las fachadas menores, que daban al actual Plá de Palau y
en el antiguo patio de los Naranjos, eran, y aún son,
extraordinariamente gruesos, para soportar el empuje de las arcadas del
Salón de Contrataciones.
La
estancia más importante de la Lonja era el Salón de Contrataciones, un
espacio de grandes dimensiones. La policromía del techo se conservó hasta el siglo XVIII, cuando se repintó. El único resto que se ha localizado del trabajo original muestra un diseño delicado y una gran riqueza cromática. El pavimento era de piedra de Montjuïc. La dimensión de la sala, los colores vivos del techo y las esbeltas
columnas que sujetan los arcos de medio punto configuraban un conjunto
impresionante a los ojos de cualquier comerciante que llegara a
Barcelona de tierras lejanas.El salón estaba decorado con retablos, relieves, pinturas y vidrieras. Las
paredes también estaban a menudo adornadas con tapicerías de
importación y tejidos lujosos, mientras que parte del suelo estaba
cubierto de alfombras. El maestro vidriero Gil Fontanet fue el autor de los vitrales, que desaparecieron en el siglo XVIII. Estos elementos decorativos ennoblecían aún más el gran palacio de la mercancía.
El
hecho de tener un reloj interior, que además tocaba las horas en
sintonía con el reloj de la catedral, contribuyó a cubrir de elogios del
edificio y, de rebote, a ensalzar el poder social y económico de los
mercaderes. La documentación más antigua del siglo XV menciona la existencia del
reloj, pero no se puede precisar en qué fecha lo adquirieron los
cónsules".
Ver: http://www.casallotja.com/el-salo-de-contractacions
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25/10/2026 Festa dels Voluntaris del 48H Open House Barcelona
Gracias por su aportación a: Rosendo Muñiz Soler


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